lunes, 30 de enero de 2017

243. Sueña, arlequín...

Rumiantes noches enteras, 

vestidas de tul y seda, 

pensando incesantemente 

en un arlequín pelucón. 


Sus rizos morados, 

alocados al viento, 

recuerdan la noche 

de un mundo mejor. 


Dulce noche, 

extraña y rumiante noche, 

ausente de sueños tranquilos 

y llena de opacas estrellas. 


Tendido en el suelo, 

un manto de terciopelo y amistad perdida, 

de esas que vuelan al olvido 

envueltas en hojarasca y pena, 

en miel y migas para no volver.


Rumiante noche 

de presentimientos profundos y amargos, 

salidos de un armario en extinción. 


Y el arlequín, 

cansado de no poder cerrar los ojos, 

sólo anhelaba poder dormir.

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