El priorato pagano de la sidra, sociedad secreta, se reunía una vez al año para admitir nuevos sacerdotes o sacerdotisas.
En cada una de estas ocasiones sólo escogían a una persona que se consagraba a la creación del elixir.
Aquel año, la xana Tuxa y el trasgu Xentín recibieron las invitaciones para competir entre ellos.
Él llevó una sidra de raíz de rábanos picantes y ella, una sidra de berza.
Se suponía que sólo una de las dos botellas iba a ser guardada en el armario del honor pero, resultó que las dos eran tan fuertes que, en cuanto las descorcharon a la vez, acabaron con los sentidos de todos los presentes.
Al final, ni la xana ni el trasgu pasaron a formar parte del priorato pagano de la sidra, sociedad secreta.
No fue así porque no porque no lo merecieran, sino porque a partir de esa noche empezaron a competir con nuevas creaciones para poder entrar.
¿Continuará?
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