lunes, 2 de enero de 2017

215. Minúscula

Estaba impaciente, sentada en una silla que plantó delante de la puerta principal. 

Ellos le dijeron por teléfono que esperara, que la entrega llegaría en cualquier momento. Ella no dejaba de mirar el reloj que estaba encima del armario.

Los segundos empezaron a volverse lentos, casi podía sentirlos pasar a través de sus sienes.

La habitación empezó a hacerse más grande y ella se volvió pequeña. 

Su cuerpo llegó a ser tan diminuto que cuando por fin tocaron el timbre, sus pies no llegaron ni al borde de la silla, mucho menos al suelo. 

Gritó lo más alto que pudo para decir que estaba ahí, que la esperaran, que el paquete que tenían que entregarle era urgente, que lo necesitaba para seguir con su trabajo... 

Pero nada más ocurrió y se quedó tal y como estaba. 

Al menos los segundos dejaron de traspasar sus sienes, era demasiado minúscula como para sentirlos.

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