Desesperanza tenía la dulce Domitila
de encontrar el amor en una canción,
en un vagón de tren,
en un armario puesto del revés,
o envuelta en su mantón de Manila.
La Casualidad la llevó de paseo por la playa
y fue allí donde,
en un amanecer sin sol,
el amor la encontró a ella,
aunque,
como estaba más pendiente de su helado de piña
y de vainilla
no se dio ni cuenta de que a su lado se había sentado.
Esto no supuso un dolor irreparable
Como había perdido la esperanza...
Tengo la esperanza que la dulce Domitila la encuentre!
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