viernes, 13 de enero de 2017

226. El masticador

El masticador real estaba empezando a sufrir de preocupaciones esporádicas, hiper-valoración y somnolencia comparada debido a una circunstancia particular: en la corte corría el rumor de que los enemigos de la reina de escarcha de azúcar estaban preparando algún tipo de travesura gastronómica con la que querían desprestigiar al cocinero mayor.
Él, gracias a su oficio, tenía razones de sobra para estar saturado en sales, grasas y otras sustancias que, aunque ralentizaban su metabolismo, aceleraban su disgusto situacional. No sólo tenía que probarlo todo y elaborar los bolos alimenticios con los que daban de comer a la corte entera -aquello no sólo era una costumbre, sino también una moda nada pasajera-; también tenía la presión de encontrarse, en cualquier momento, con alguna trastada orquestada. Con todo esto, su paladar estaba algo aburrido. El único consuelo que tenía era un bote de mantequilla que escondía en uno de los armarios de la cocina real, a la que diariamente asaltaba antes de empezar con su labor. 
Esa mañana, justo antes del almuerzo, el masticador inició su ritual: tocó cinco veces el pomo de la puerta de la cocina, estornudó una vez, se limpió los pies antes de entrar, luego de entrar, dio tres pasos hacia adelante, dos hacia atrás, dio un paso con el pie izquierdo y fue al fregadero, se sirvió un vaso de agua que tiró por encima de su hombro derecho, sacó una llave de su bolsillo y saltó en un pie hasta el armario. Pero al abrir sus puertas y rebuscar dentro, descubrió que su preciado bote había desaparecido... Así es que se declaró en huelga de tenedor y cuchara caídos, pero nadie le hizo caso, salvo la reina de escarcha de azúcar. 
Ella, entristecida porque llevaba unas horas sin alimentarse, habló con el masticador sobre todas y cada una de sus preocupaciones. Estaba decidida a ayudarle a poner fin a sus angustias, pero entonces pasó una mosca y ella se fue detrás. 
A partir de aquí, los hechos que siguieron difieren en los pergaminos reales y esto es así porque los historiadores son incapaces de ponerse de acuerdo. Lo único en lo que todos convergen es que el bote de mantequilla apareció sano y salvo en el armario de la reina y que gracias a ese hallazgo, el masticador se convirtió en rey.
    

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