martes, 10 de enero de 2017

223. Cachirula, Cachirulo.

Hacía mucho tiempo que Cachirula dejó de ser una mujer ingenua. 

Lo curioso era que, aunque se empeñaba en esperar que los demás le hicieran daño, no dejaba de sentirse infinitamente triste a causa de su soledad. 

Su armario estaba lleno de abrigos, vestidos, tacones y demás atuendos cuyos diseños parecían haber sido inspirados en la desconfianza o que, en todo caso, al llevarlos puestos acentuaban su actitud de continua suspicacia hacia el resto del mundo.

Por el contrario, Cachirulo nunca dejó de perseguir a los amoríos ilícitos que le hacían sentirse como una especie de súper hombre. Lo curioso era que, aunque se empeñara en decir y creer lo contrario, hacía mucho tiempo que estos amoríos habían dejado de perseguirle a él. 

En su armario sólo guardaba una chaqueta desgastada con la que fardaba de ser un tipo irresistible y a la moda, que estaba por encima del resto de los mortales. 

El destino, que a veces es un poco canalla, les presentó. 

Desde entonces Cachirula volvió a ser ingenua, aunque sólo lo era hacia él. 

Desde entonces Cachirulo volvió a ser un amante infiel, aunque sólo fuese en su imaginación. 

Mientras que el resto del mundo, el resto de los mortales, no tenían dudas de que ambos eran tal para cual.

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