El regreso de la rana cuantacuentos sería a lo grande.
Volvería por el mismo sitio por el que desapareció la primera vez (y la segunda, y la tercera...), es decir, cruzaría la puerta del armario cargada de historias para contar.
Pero la pequeña rana no volvería esa noche porque sufría de desgano común, algo que se le quitaría con una buena sopa de apio, perejil y zanahorias, una manta, el sofá y una película sobre la vida de sus primos alienígenas en el espacio sideral.
Sus cuentos necesitaban de un largo y reparador sueño para llenarse de vida y de algo de magia.
El regreso de la ranina no sería hoy, pero puede que sea mañana.
A veces, el suenho largo y reparador nos permite descubrir nuestro interior, pues para mirar adentro debemos sacudirnos del exterior
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