Estar encerrado en aquel espacio era cada vez más angustiante, pero no
podía hacer otra cosa sino esperar. El "tic-tac" de su reloj de pulsera
retumbaba entre la madera y sus tímpanos. ¿O eran los latidos de su
corazón? No lo tenía claro. Deseaba con todas sus fuerzas que acabara el
suplicio de la espera. Tic-tac. Sus tripas volvieron a anudarse. La
última vez que le ocurrió durante ese día, por lo menos, la última que
recordaba, fue delante del espejo. Verse así, de ese modo... Había
querido hacer eso desde siempre, desde que era un niño con el que nadie
se metía... ni los mayores. Su corpulencia lo alejó de los problemas y de
su propia sensibilidad. Tic-tac. Se acercaba el momento. Una gota de
sudor le aterró. Lo último que quería era que se estropeara su
maquillaje. Por fin iba a mostrar la mejor versión de sí mismo, aquello
que sólo podía ser estando en soledad. Tic-Tac. Su esposa, su familia,
estaban por entrar. Ella era la única persona a la que le había
confesado su deseo. Las tripas volvieron a estremecerle. El ruido de la
puerta de la habitación de su hija le indicó que debía estar listo,
atento a las puertas del armario que se abrieron sin darle tiempo a
prepararse más. Su esposa le estaba mirando con esa complicidad con la
que siempre le animaba a dar el último paso. Las risas no se hicieron
esperar, y él, aliviado, empezó a jugar con los niños. Lo que jamás iba a
olvidar era el rostro ilusionado y feliz de su hija que se había
aferrado a su reloj. Aquel traicionero objeto le había delatado ante la
pequeña, pero eso le daba igual. Mejor, así no tendría que explicarle
que en su fiesta, él había sido el payaso.
... Sólo puedo imaginar esa terrible angustia !! ...
ResponderEliminarQue difícil es en tan pocas líneas, contar tanto!!��
ResponderEliminarMe encanta!!!
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