miércoles, 15 de junio de 2016

14. Un recuerdo

El caminante se detuvo. Acababa de llegar a la frontera entre la nada y el tiempo. Estaba exhausto. Su viaje había sido demasiado largo, pero por fin estaba donde quería. Sólo tenía que dar un paso más y... Miró sus pies: tenían llagas. Dolor. No tendría que volver a sentir. Estaba parado sobre una parcela de su pasado que no llegaba a ser un recuerdo significativo. Lo único que debía importarle en ese momento era lo que tenía delante. Aquel vacío se parecía a la incertidumbre, la misma que tan bien conocía. Fueron tantas las veces que apostó su ser al futuro que estaba harto de arriesgar para obtener a cambio exigencias, frustraciones, pérdidas y casi ningún reconocimiento. Iba a dar ese paso final, pero sus pies no le respondieron. La última ironía. Le habría hecho gracia, pero al mirar hacia abajo, vio que sus pies se estaban hundiendo en el recuerdo. Se trataba de una habitación que sólo tenía una cama y un armario; el niño que estaba durmiendo era él. En cuanto recordó que aquel era el armario de sus juguetes, cayó dentro del recuerdo. Se sentó en su cama, al lado de él mismo y se vio dormir. Estaba abrazado a un perro de peluche, su mejor amigo. Un montón de piezas de madera estaban desperdigadas por la cama y por el suelo; con ellas iba a construir una torre... Volvió a observarse y se vio soñar. Abrazó a su propia inocencia, a ese tiempo en el que ninguna exigencia le había sido impuesta, a esa época en la que podía llorar. Y así, abrazando a su pequeño yo, permitió que el llanto lo limpiara por dentro. Descubrió que había hecho ese viaje para rescatar a su inocencia y que tenía la ventaja de contar con la experiencia para defenderla e impedir que se la volvieran a arrebatar. Esa era la única coherencia que en adelante iba a necesitar.

1 comentario:

  1. Lindo cuento!!,.. Llegado a ese punto, fue la mejor decisión que pudo tomar tomar,...

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