miércoles, 22 de junio de 2016

21. Crianza

La ranita payasa del estanque tenía muchos lunares de colores y vivía en un biberón. Ella solía cantar por las mañanas para despertar con alegría a las ranotas que dormían panza arriba y tenían que empezar su día e irse a trabajar. 

La ranita soñadora del estanque era una rana rayada que vivía en una mamadera. Ella parecía algo altanera porque solía ser muy silenciosa y cuando estaba despierta se quedaba mirando a la nada. Pasaba que, a eso de medio día, le sonaba la barriga tan fuerte que salía de sus fantasías y se echaba a reír con tantas ganas que todas las demás se contagiaban de apetito y carcajada.

La ranita más lista del estanque era una rana albina que vivía en una tetina. Ella se dejaba ver por las tardes, antes de ir a sus conciertos y con la guitarra en la pata se ponía a ensayar. Croaba la canción protesta de unos críos que bien lloraban porque la leche estaba muy caliente o bien gemían porque la leche estaba muy fría. 

La ranita enamorada del estanque tenía un color azulado, vivía en un tetero y tenía un don adulador. Ella llegaba a medianoche con su voz melodiosa con la que hablaba despacio a todas las ranas para aliviar un poco la dureza de su día. Todas caían rendidas y a ella la enamoraba el verlas roncar. 

Al final de la jornada, tetero, tetina, mamadera y biberón iban a un baño caliente, de ahí al armario hasta el día siguiente y de vuelta a empezar. Y mientras todas estas cosas hacía, la mami somnolienta, volvía a pensar en las historias de las ranitas que la ayudaban a entretener a su bebé mientras le daba de comer.

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