La habichuela azul se sentía algo distinta, sobre todo entre sus amigos y amigas del cole. Había habichuelas verdes, rojas, negras, blancas, amarillas e incluso pintas, pero ella era la más pequeña de todas. Y así chiquita como era, tenía mucho genio, tanto, que los garbanzos de la clase de al lado se apartaban cada vez que pasaba.
No se sentía distinta porque fuera azul, o pequeña o malhumorada. Se sentía distinta porque guardaba un secreto que escribía en su diario. Lo registraba en forma de palabras sueltas, dibujos, poesías, ideas o relatos. Todas las noches, antes de dormir, lo sacaba, le echaba una ojeada y escribía, dibujaba o garabateaba. Muchas veces se quedaba dormida con él sobre la cama, o debajo de su almohada, o entre ella y su mono de peluche, o en su mesita de noche; pero siempre, cada mañana, se aseguraba de guardarlo en su escondite del armario.
Pero un día, estando en clase, mientras la maestra Faba hablaba de nutrientes, se dio cuenta de que había dejado su diario encima de la cama. Estuvo toda la mañana aterrada porque su madre iba a encontrarlo y a descubrir su secreto. Lo pasó tan mal que sintió que se descomponía... A la salida fue corriendo a casa, a su habitación. Su madre le había hecho la cama y el diario estaba encima de su almohada. Tenía tanto, pero tanto miedo que se puso furiosa. Quiso enfrentarse a su madre, reclamarle por haberle tocado sus cosas... Pero ella se adelantó:
─ Que sepas que no he leído tu diario.
La habichuela azul, contrariada, puso cara de interrogación. No sabía si respirar más tranquila o inquietarse aún más.
─ ¿Qué te pasa? ¿Quieres saber la razón por la cual no lo he leído? Por la misma razón que dejo mi cartera encima de la mesita de la entrada; porque sé que no cogerás el dinero que llevo. Es una cuestión de confianza. Yo no voy a leer nada que tú no quieras que lea, así de simple. Y si un día quieres mostrarme algo, me lo darás. Y así con todo ¿comprendes?
A partir de ese día, la habichuela azul dejaba su diario encima de su cama.
¿Te quedaste con las ganas de saber cuál es su secreto? No sientas la tentación de leer dentro de su diario. Puede ser que algún día, la habichuela azul te lo cuente.
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