martes, 14 de junio de 2016

13. Ser de luz

Cada noche, la madre sacaba del armario un enorme libro de cuentos, se sentaba con sus hijos y empezaba a leerles: 
«La reina de las mariposas mandó a construir una fortaleza con ramas de canela, miel y ralladura de limón. Quería proteger su casa antes de que la temporada de lluvias empapara desde la cocina hasta el salón. Estaba tan ocupada dando órdenes a los abejorros, que había olvidado que aquella era tarde de reunión. En casa de la abeja reina hacían punto; en casa de la reina de las hadas pintaban lienzos y en la suya hacían chocolate con un poco de almidón. Así es que, cuando llegaron sus amigas, se sorprendió. Esta vez no tomaron un aperitivo, ni iniciaron la charla en el salón. Fueron directas a la cocina y ahí, divertidas, se pusieron a parlotear. Entre risas y risas, no se dieron cuenta que fuera empezó a diluviar. De pronto, un rayo iluminó la estancia y ellas se abrazaron y empezaron a gritar... Luego del susto, llegaron las risas y el rubor. La mariposa, nerviosa, sacudía sus alas, mientras que la abeja no dejaba de tocar sus antenas, y...»

—¿Y qué pasaba con la reina de las hadas? — interrumpían los niños con entusiasmada ilusión.
—La flor púrpura que cubría la mitad de su rostro se iluminaba. Aquella flor era el símbolo de la nobleza de la reina de las hadas y anunciaba a todos los habitantes del bosque que ella era un ser mágico de luz...—Cerraba el libro y agregaba—: Mañana seguiremos con esa parte de la historia...
La madre devolvía el libro, arropaba a sus hijos y cerraba la puerta tras de sí. No sabía que en la oscuridad, una flor púrpura se encendía y velaba por el sueño de los pequeños.
 

1 comentario: