sábado, 11 de junio de 2016

10. Esperanza

Mirando el cuadro, un niño y una niña. Su madre les estaba contando que los hombres que veían pintados vivían confundidos y que habían perdido sus batallas frente a la bondad. Les dijo que esos hombres eran incapaces de entender que distintas especies podían convivir en paz.
 
En el cuadro, un torero y unos lanceros. Estaban mirando otro cuadro dentro del cuadro que era mucho más pequeño. Lo hacían como si trataran de descubrir un resquicio por donde meterse al otro lado. En sus rostros llevaban la frustración de no haber logrado cumplir con su... Sabían que sus días de impunidad estaban llegando a su fin. El toro al que debían haber sacrificado se había escapado de sus manos.

En el cuadro más pequeño, una puesta de sol. El paisaje era muy común: una playa, los colores pasteles de un atardecer, unas gaviotas volando en las alturas. Mejor dicho, el paisaje hubiese sido común de no haber sido porque cerca de la orilla había un armario con las puertas cerradas, un toro echado al lado como descansando y una mujer que, abrazándolo por el cuello, estaba mirando al mar. La sensación que transmitía esa parte del cuadro era de total serenidad.

La madre no les contó que la mujer del cuadro era ella. Lo haría tiempo después, cuando sus hijos empezaron a abrir portales dimensionales usando el amor y el viejo armario de la abuela.



2 comentarios:

  1. Me encanta mi cuento, lo leeo y lo releeo y cada vez descubro algo mas... una sensación de total serenidad...

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  2. La luz que entra por la pequeña ventana en segundo plano, ahora, pronto iluminará las mentes y sensibilidad de aquellos que todavía piensan que los hermanos menores son cosas a las que podemos usar y maltratar,.... La Esperanza está viva,...

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