jueves, 2 de junio de 2016

1. Desde dentro.

Estar encerrado en aquel espacio era cada vez más angustiante, pero no podía hacer otra cosa sino esperar. El "tic-tac" de su reloj de pulsera retumbaba entre la madera y sus tímpanos. ¿O eran los latidos de su corazón? No lo tenía claro. Deseaba con todas sus fuerzas que acabara el suplicio de la espera. Tic-tac. Sus tripas volvieron a anudarse. La última vez que le ocurrió durante ese día, por lo menos, la última que recordaba, fue delante del espejo. Verse así, de ese modo... Había querido hacer eso desde siempre, desde que era un niño con el que nadie se metía... ni los mayores. Su corpulencia lo alejó de los problemas y de su propia sensibilidad. Tic-tac. Se acercaba el momento. Una gota de sudor le aterró. Lo último que quería era que se estropeara su maquillaje. Por fin iba a mostrar la mejor versión de sí mismo, aquello que sólo podía ser estando en soledad. Tic-Tac. Su esposa, su familia, estaban por entrar. Ella era la única persona a la que le había confesado su deseo. Las tripas volvieron a estremecerle. El ruido de la puerta de la habitación de su hija le indicó que debía estar listo, atento a las puertas del armario que se abrieron sin darle tiempo a prepararse más. Su esposa le estaba mirando con esa complicidad con la que siempre le animaba a dar el último paso. Las risas no se hicieron esperar, y él, aliviado, empezó a jugar con los niños. Lo que jamás iba a olvidar era el rostro ilusionado y feliz de su hija que se había aferrado a su reloj. Aquel traicionero objeto le había delatado ante la pequeña, pero eso le daba igual. Mejor, así no tendría que explicarle que en su fiesta, él había sido el payaso.  

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