Su mirada, curtida por el tiempo, traspasaba universos y acudía al presente desde el olvido. La intensidad con la que su espíritu, con la que su inteligencia viajaba entre esos mundos, lo dejaba agotado y aparentemente confuso.
Quienes lo rodeaban no podían imaginar que él era un viajero dimensional. En esos otros mundos la juventud era cuestión de picardía y felicidad, así, sin más. La dificultad consistía en que el precio que debía pagar para vivir esas experiencias, era el silencio. Ni siquiera podía tranquilizar a quienes le echaban de menos.
Pero él, tan listo como era, sabía que en cuestión de dimensiones podría encontrar la manera de comunicarles sus descubrimientos. Quería decirles, susurrarles, que el dolor, la angustia y la tristeza eran fantasmas a los que se podía espantar con el único elemento que permanecía inmarcesible en el tiempo, las distancias y en los universos: el amor.
Así es que ahora, que su armario vacío te lo ha contado, no permitas que sus descubrimientos caigan en el olvido, sobre todo porque entre sus amores también estás tú...
No hay comentarios:
Publicar un comentario