viernes, 10 de junio de 2016

9. Pasarela

«Esta temporada, la tendencia estará marcada por Soledad. Ella lleva una elegante...» 
Se escuchaba en los altavoces mientras ella iniciaba su desfile por la pasarela que La Organización montó entre los dos cajones más altos del armario. 
Los operarios tuvieron que trabajar durante toda la mañana para subir la regla de madera que usaron para unir los bordes y cubrir el abismo que se abría entre esas gavetas. Aquella tarea fue más sencilla que lograr un consenso sobre el modo en que asegurarían el puente. Ganaron los partidarios de clavar alfileres, frente a aquellos que defendían el uso de cintas adhesivas. En lo que no pensaron fue en la seguridad de los laterales. Eso no era tan importante pues ninguno de ellos había visto una pasarela con pasamanos. Eso, definitivamente, no se llevaba. Además, las divas eran tan ligeras que se desplazaban como si estuvieran flotando. "Si alguien podía elevarse era imposible que cayese", era la norma en La Organización.
«... de un diseño minimalista que recuerda la individualidad como eje del...» 
A medida que avanzaba por la pasarela, fue animándose, sintiéndose querida por los destellos de las cámaras que provenían de los cajones. 
Soledad se detuvo hacia la mitad de su camino. Quiso ser agradecida y corresponder con un gesto a la atención que le estaban brindando. Miró a un lado y a otro: ninguno de los asistentes la estaban observando. Por un lado, bragas, tangas y sujetadores estaban haciéndose autorretratos con sus móviles al tiempo que, curiosas, tiraban de sus respectivas etiquetas y continuaban con sus chácharas. Por otro lado, cinturones, collares, relojes, gafas de sol y de leer estaban intercambiando sus datos de contacto como los accesorios de moda profesionales que eran. 
Al darse cuenta de que ese era el panorama, se sintió aún más sola. Comprendió que todo lo que su agente le había dicho, había sido mentira. Nunca se había interesado realmente por ella, por lo que podía crear desde su solitaria naturaleza. 
Los operarios abrieron las puertas del armario hasta que quedaron en paralelo y los espejos internos se miraron logrando un efecto de dramático infinito. Ella dejó de ver a la multitud y se fijó en su reflejo multiplicado.
Estaba enfadada con ella misma por haberse dejado influenciar, por haber dejado que la Envidia fuera su representante. Era la única que no le había quitado ojo de encima y estaba disfrutando con su derrota en medio de aquel absurdo teatro.
Desolada, Soledad caminó hasta que llegó al final de la regla de madera, hasta el punto marcado con un cero y, desde ahí, se dejó caer al vacío.
Lealtad se dio cuenta de inmediato y avisó a Honestidad, Humildad, Tolerancia, Respeto y Amor. Entre todos extendieron un fular que usaron como manta y se prepararon para recibirla. 
Aunque Soledad se alejó de ellos en busca de reconocimiento, la amistad entre todos jamás se rompió. La siguieron desde la lejanía a la que ella les relegó. Pero la conocían, la querían y no iban a dejar que se estrellara.
Su calidad de diva la hacía tan ligera que ella siguió cayendo mucho después de que los operarios desclavaron el último alfiler... Y sus amigos la seguían esperando (eso sí, con ayuda de Paciencia que se unió al grupo después de volver de la fiesta a la que fue con un botón).

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